
En la consulta me encuentro muy a menudo con dudas que, por pudor o por exceso de información comercial, muchas mujeres no se atreven a plantear del todo. Hoy quiero hablaros de dos temas fundamentales para la salud vaginal, mirándolos desde donde siempre me gusta mirar las cosas: desde el sentido común y la naturaleza de nuestro propio cuerpo.
La vagina es un órgano de uso: o se usa, o se adapta a la inactividad
Muchas mujeres me preguntan si es «bueno» o necesario utilizar juguetes sexuales, especialmente aquellas que en un momento dado no tienen pareja. La respuesta corta es sí, pero con matices muy importantes.
Fisiológicamente hablando, la vagina es un órgano que se amolda muchísimo al uso que se le da. Es pura adaptabilidad. ¿Qué pasa cuando una vagina no tiene actividad durante mucho tiempo? Pues que, poco a poco, se va quedando cada vez más pequeñita. Si a esto le sumamos el paso de los años y la disminución de estrógenos por la edad, el tejido va perdiendo elasticidad y aparece la temida resequedad.
Por eso, dar uso a la vagina es sano, pero siempre desde un enfoque lúdico y placentero. No creo que tenga ningún sentido hacer «esfuerzos» ni tomárselo como una obligación médica o una tarea pendiente usando juguetes sexuales. Si una mujer siente el deseo y le apetece, por supuesto que es magnífico para su salud vaginal mantener esa estimulación y esa elasticidad. Pero si se convierte en una presión, deja de cumplir su función. El motor debe ser siempre el deseo, no el deber.
El mito de la higiene íntima: por qué el agua es tu mejor aliada
El otro gran tema es la higiene. Vivimos en una sociedad donde los farmacéuticos y la industria cosmética te «enamoran» con un producto nuevo cada semana. Te venden geles íntimos, jabones especiales con Ph equilibrado y mil promesas de que con eso vas a estar de maravilla.
Como firme defensor de lo natural que soy, os diré algo muy claro: cualquier jabón, sea el que sea, va a eliminar las sustancias protectoras que tu propio organismo genera.
La naturaleza es sabia y la zona vaginal tiene su propio sistema de autodefensa y equilibrio. Cuando usamos geles —por muy «suaves» que nos digan que son—, barremos esa barrera protectora natural. Por eso, a mi juicio, lo mejor para lavarse las partes íntimas es, simplemente, usar agua.
No necesitamos añadir químicos donde el cuerpo ya sabe perfectamente lo que tiene que hacer. Si eliminamos sus defensas naturales, al final vamos en nuestra propia contra y abrimos la puerta a irritaciones e infecciones. Volvamos a lo sencillo, que suele ser lo que mejor funciona.

