El eco del agua en nuestra biología


El agua y el origen: ¿Por qué el parto en el agua es mucho más que una elección moderna?

En mi camino como ginecólogo y psiquiatra, y especialmente tras profundizar en las ideas que dieron vida a mi libro «El don de parir», siempre he defendido que el nacimiento es un proceso donde la fisiología y el instinto deben ser los protagonistas. A menudo surge la duda de si el parto en el agua es una «novedad» o una tendencia de nuestra cultura europea actual. La respuesta, sin embargo, nos obliga a mirar millones de años atrás.

Nuestra memoria biológica en la costa

Si retrocedemos más allá de la historia conocida, hasta cuando todavía éramos homínidos (hace unos 5 o 10 millones de años), es muy probable que encontráramos lo que algunos llaman un «eslabón acuático».

Nuestros ancestros no solo recolectaban moluscos en las orillas; vivían en simbiosis con el medio acuático. Esto dejó una huella imborrable en nuestra biología:

  • Signos en el cuerpo: Poseemos características físicas (como la distribución de la grasa subcutánea o el reflejo de inmersión) que no comparten otros primates terrestres y que apuntan directamente a una adaptación al agua.
  • El agua como refugio: Para las mujeres de aquel entonces, el agua no era un lujo decorativo, era el entorno natural donde el cuerpo encontraba el alivio, la ingravidez y la seguridad necesarios para traer vida al mundo.

Recordar para sanar el nacimiento

Hoy, cuando hablamos de partos en el agua en un entorno hospitalario o domiciliario, no estamos proponiendo un experimento moderno. Estamos proponiendo un regreso a nuestra esencia.

La medicalización del parto a menudo olvida que somos mamíferos con una historia evolutiva fascinante. Al sumergirnos en el agua durante el proceso de parto, no solo buscamos analgesia natural; estamos activando mecanismos ancestrales de relajación, permitiendo que el bebé transite entre dos medios líquidos de forma suave y respetuosa.

«Hay muchos signos que tenemos en el cuerpo que apuntan en esa dirección… hacia una naturaleza que ya sabía cómo parir mucho antes de que nosotros intentáramos controlarla.»

Reconocer nuestro origen acuático es reconocer la sabiduría del cuerpo. Es dejar de ver el parto como un evento médico externo y empezar a verlo como el don biológico y la capacidad innata que realmente es.

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