
Reflexiones íntimas sobre el nacimiento, la privacidad y el verdadero propósito de
mi libro, «El don de parir».
Estoy convencidísimo. Cuanto más pasan los años y más nacimientos tengo la fortuna de acompañar, más me reafirmo en una verdad que la obstetricia moderna parece haber dejado en un segundo plano: el parto pertenece, de forma indiscutible, a la esfera de la sexualidad humana.
A menudo me preguntan en las entrevistas cómo un gineco-obstetra en activo encuentra el tiempo y la pulsión para sentarse a escribir. La respuesta es sencilla: este libro nace de una necesidad profunda de transmitir lo aprendido en el terreno, en las distancias cortas. Durante muchos años me he dedicado a ofrecer a las mujeres de Madrid la posibilidad de vivir un parto natural en la calidez y seguridad de sus propios domicilios. Y no lo hacía por capricho, ni por seguir una moda, sino por pura coherencia fisiológica.
El entorno lo cambia todo
Como evento profundamente sexual y hormonal que es, el parto se estropea exactamente con las mismas acciones, entornos o factores que estropearían un acto sexual. Piénsenlo por un momento de forma fría y lógica: ¿Quién podría disfrutar o consumar su intimidad sintiéndose observado o fiscalizado?
El parto necesita una privacidad absoluta y una intimidad sagrada. Requiere una calma profunda y la ausencia completa de cualquier atisbo de estrés. Pero, por encima de todo, exige algo que los paritorios actuales rara vez ofrecen: la ausencia de personas con una actitud vigilante, o con gestos que puedan transmitir a la persona que pare la más mínima sensación de estar siendo juzgada.
«Una mujer que pare necesita sentirse grandiosa; necesita sentirse radicalmente libre.» Lamentablemente, todos estos factores son extraordinariamente difíciles de reproducir, y mucho menos de permitir, en un entorno hospitalario convencional donde el protocolo rígido y la prisa suelen mandar sobre el ritmo del cuerpo.
Dos mundos, dos partos distintos
Mi experiencia me ha demostrado que, cuando cambias el escenario, el parto cambia por completo. No tiene absolutamente nada que ver el proceso de una mujer entregada, ensimismada, literalmente emborrachada por la maravillosa cascada de hormonas que la inundan de forma natural, con el de aquella mujer que se encuentra en un entorno hostil donde le están dirigiendo de forma constante: diciéndole cómo tiene que empujar, qué tiene que hacer, interrumpiéndola con preguntas incómodas o manteniéndola bajo luces intensas y miradas extrañas.
Esta desconexión de la naturaleza no es inocua. Influye directamente en las estadísticas que luego lamentamos: el índice de complicaciones se altera, las probabilidades de terminar en una cesárea innecesaria se multiplican y la experiencia sagrada se diluye.
Un parto lo más natural posible es, sin lugar a dudas, lo mejor tanto para la madre como para el bebé. Es devolverles el protagonismo de un momento que les pertenece exclusivamente a ellos.
«El don de parir»: Una guía para disfrutar
Todo esto que les comparto es el alma y el motor de mi libro: «El don de parir: Guía para disfrutar el embarazo y el parto». Lo escribí con el firme objetivo de derribar el miedo, aportar luz y devolver la confianza a las mujeres en su propio diseño biológico.
Quiero que este mensaje llegue a cada rincón donde una mujer esté gestando una vida. Por eso, para quienes prefieren el tacto de las páginas, el libro está disponible en formato papel en España y Estados Unidos; y para cualquier otro rincón del mundo, se puede adquirir de manera inmediata en su versión Kindle a través de Amazon.com.
Recuperemos la intimidad. Devolvamos la grandiosidad al nacimiento.

