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Parto normal en la especie humana

Autor: Emilio Santos

Objetivo

El objetivo de este tema es proporcionar conocimientos y consejos sobre el proceso de parto desde una perspectiva biológica y antropológica, sin entrar en aspectos de asistencia clínica. Las fases y etapas del parto presentadas son ampliamente reconocidas y estudiadas, y la división en «momentos» específicos en términos de estado emocional es producto de la observación científica basada en la experiencia práctica del autor en el contexto de partos «libres». Estas observaciones se presentan por primera vez en este libro.

Preparto. Comienzo del Proceso.

El término de la gestación representa un período de expectación e incertidumbre, en el que se desconoce con certeza el momento preciso de inicio del trabajo de parto. Este evento es precipitado por una serie de cambios hormonales iniciados por el feto, que ocurren aproximadamente a las 38 semanas posteriores a la concepción.

El inicio del trabajo de parto es señalizado por un incremento en la producción de la hormona liberadora de corticotropina (CRH) en el cerebro del feto. Este aumento de CRH circula en la sangre del bebé y actúa en varias regiones del cuerpo, incluyendo las glándulas suprarrenales, donde estimula la producción de cortisol. Cuando este cortisol llega a los pulmones y al intestino del feto, se promueve su maduración final, preparándolos para funciones vitales posnatales como la respiración de aire y la digestión de leche.

La CRH también llega a la placenta, transmitiendo una señal para cesar la producción de progesterona. Esta hormona ha jugado un papel crucial durante la gestación, manteniendo un ambiente de relajación uterina y un cuello uterino firmemente cerrado, mediante la saturación del torrente sanguíneo de la madre.

Con la disminución de los niveles de progesterona en la sangre materna, se inicia el proceso conocido como «desembarazo». Se observan cambios fisiológicos como la diuresis incrementada, la disminución de la retención de líquidos, y la reducción de la inflamación en los tobillos. Además, el apetito de la madre puede reorientarse hacia alimentos que habían perdido interés anteriormente. El nivel de flujo vaginal también se altera, volviéndose menos espeso y más transparente.

El descenso de la progesterona provoca una liberación de prostaglandinas en el cuello uterino, induciendo su ablandamiento y una disminución progresiva de su cerramiento. Las prostaglandinas también se dirigen al cerebro materno, lo que instiga a la hipófisis posterior a producir grandes cantidades de la hormona oxitocina. Cuando la oxitocina alcanza el útero a través del sistema circulatorio, estimula la aparición de contracciones, marcando así el comienzo del parto.

Este proceso desencadena una serie de eventos que intensifican y aceleran la labor de parto. Una vez iniciado, este fenómeno progresivo es imparable hasta el nacimiento del bebé. De este modo, el inicio del trabajo de parto representa una cascada hormonal, un fenómeno intrincado que involucra la comunicación entre el feto, la madre y sus respectivos sistemas endocrinos.

Preparto. El Tapón Mucoso.

Durante el embarazo, la mujer puede notar una secreción viscosa no líquida en su ropa interior o en el inodoro, conocida como el «tapón mucoso». Esta secreción puede variar en color desde blanco a amarillento, e incluso puede estar teñida de rojo. Sin embargo, el color de este tapón no tiene relevancia clínica, salvo si se presenta un color verde, lo cual podría ser indicativo de una rotura de membranas con líquido amniótico y requeriría la atención médica inmediata.

En algunos casos, este tapón mucoso puede permanecer en la vagina sin ser expulsado y, por tanto, no ser percibido por la mujer. Durante la duración del embarazo, el tapón mucoso ha cumplido con la función de proporcionar un sellado hermético al cuello uterino, protegiendo el útero y el feto de la invasión bacteriana.

El desprendimiento del tapón mucoso sugiere un aflojamiento del cuello uterino, y suele ocurrir cuando se alcanza una dilatación cervical de 1 a 2 centímetros. Aunque este evento no indica el inicio inmediato del trabajo de parto, es un preludio de que el mismo podría comenzar en los días subsiguientes.

Es importante destacar que el desprendimiento del tapón mucoso es un evento normal en la secuencia de preparación para el trabajo de parto. Sin embargo, cualquier cambio en la secreción, especialmente aquellos asociados con el color verde o aumento de la frecuencia o volumen, deben ser comunicados al profesional de atención prenatal para una evaluación adecuada y oportuna.

Preparto. Contracciones y cambios.

El período preparto, que precede al trabajo de parto activo, se caracteriza por la presencia de contracciones de corta duración, habitualmente de 20 a 30 segundos. Estas se diferencian de las contracciones de parto propiamente dichas, que tienden a durar aproximadamente un minuto. Además, las contracciones preparto, si ocurren, tienden a tener un intervalo de más de 5 minutos entre cada una. A menudo, los profesionales de la salud recomiendan buscar atención médica cuando las contracciones ocurren cada 5 minutos.

Es importante enfatizar que el nivel de dolor no es un indicador fiable para diferenciar las contracciones preparto de las contracciones de parto. Existe una variabilidad significativa en la percepción del dolor entre las mujeres, que puede oscilar desde dolor severo hasta la ausencia total de malestar.

Existen ciertos criterios para determinar si una mujer está en la fase de preparto o en trabajo de parto activo. Durante las contracciones de preparto, a pesar de la posible percepción de dolor, la mujer todavía puede hablar y comprender lo que se le dice. En cambio, durante las contracciones de parto, la mujer se encuentra tan absorta que su capacidad para hablar y comprender puede verse interrumpida.

Otro criterio para diferenciar estas dos fases implica la posición y la relajación del cuerpo. Si al acostarse de lado y relajarse, las contracciones comienzan a distanciarse, esto indica que la mujer todavía está en preparto. En esta situación, puede ser cómodo y recomendable permanecer en la cama.

Paralelamente, el preparto se caracteriza por un acortamiento progresivo del cuello uterino, que se asemeja al efecto de vestirse con un suéter de cuello alto. El cuello uterino, que previamente medía aproximadamente 4 cm de longitud, se va acortando de manera gradual a 3 cm, 2 cm, 1 cm, hasta «borrarse» completamente. A medida que se produce este acortamiento, se inicia también la dilatación del cuello uterino.

La experiencia de las mujeres primíparas difiere notablemente en esta etapa. En general, las primerizas experimentan una fase de preparto más notoria, ya que su cuello uterino necesita pasar por un proceso de acortamiento antes de que pueda comenzar la dilatación. En contraste, las mujeres que ya han dado a luz previamente pueden tener un preparto breve, dado que los procesos de acortamiento y dilatación pueden ocurrir simultáneamente.

Preparto. Aspectos Emocionales.

Las hormonas del estrés, específicamente la adrenalina y el cortisol, juegan un papel fundamental en la respuesta humana a situaciones de tensión o amenaza. Estas hormonas preparan tanto nuestro cuerpo como nuestra mente para luchar o resistir en un contexto de emergencia, optimizando la capacidad para defendernos, reafirmarnos e incluso mostrar agresividad si es necesario.

La adrenalina y el cortisol facilitan la asignación de recursos corporales para responder a una emergencia. La adrenalina, por ejemplo, está diseñada para dar prioridad a esfuerzos que requieren una respuesta rápida, en cuestión de minutos, como en situaciones de frío extremo o durante un conflicto interpersonal intenso. Por su parte, el cortisol favorece la asignación de recursos a esfuerzos que requieren una respuesta prolongada, en cuestión de días, como la preparación para un examen importante.

Sin embargo, al asignar prioridad a ciertos procesos y funciones, las hormonas del estrés inevitablemente descuidan otros. Bajo la influencia de estas hormonas, la capacidad del cuerpo para realizar la digestión, mantener un sueño reparador, defenderse de enfermedades a través del sistema inmunológico, e incluso gestionar el proceso de parto, puede verse comprometida.

Durante el trabajo de parto, las hormonas del estrés pueden tener un efecto inhibidor. Para favorecer un parto exitoso, es aconsejable minimizar la exposición a estímulos que puedan desencadenar la producción de estas hormonas. Tales estímulos pueden incluir el frío, los ruidos fuertes, el mal humor o cualquier situación que pueda generar un estado de agresividad.

Es esencial considerar estos aspectos emocionales y hormonales durante el parto, ya que el manejo adecuado del estrés puede facilitar un proceso de parto más fluido y saludable tanto para la madre como para el bebé.

Preparto. Aspectos Posturales.

Durante la fase latente del parto, las actividades cotidianas como caminar y comer pueden continuar normalmente, incluso en presencia de contracciones. Si este período ocurre durante la noche, la recomendación es continuar con el descanso nocturno habitual.

Aunque el consejo general es dejarse guiar por la propia intuición corporal y adoptar posturas espontáneas, existen intervenciones posturales que pueden influir positivamente en la evolución del parto. Si una mujer desea acelerar el proceso de parto, una opción puede ser caminar subiendo y bajando escaleras. Este movimiento provoca un balanceo de la pelvis, que puede ayudar a que la cabeza del bebé descienda. Para potenciar este efecto, puede ser útil introducir una ligera contracción del abdomen bajo, que activa el músculo transverso del abdomen y sostiene la cabeza del bebé.

En algunas situaciones, el útero puede estar muy adelantado, lo que puede generar una sensación de peso hacia adelante. En estos casos, puede ser útil proporcionar un soporte manual al útero, o recibir este soporte de la pareja o la persona acompañante.

Si la preferencia de la mujer es descansar, una postura cómoda puede ser acostarse sobre el lado en el que se encuentra la espalda del bebé, con la pierna superior bien flexionada y apoyada en una o varias almohadas. Además, es aconsejable mantener el tronco ligeramente inclinado hacia abajo, lo que permite que la columna vertebral esté recta. Esta postura ayuda a minimizar la lordosis lumbar, lo que puede favorecer el descenso del bebé.

El Dolor en el Parto: Interpretación y Abordaje Emocional

El parto, aunque frecuentemente asociado con dolor, puede ser vivido como una experiencia potente y transformadora. Al igual que un montañero que se enfrenta al agotamiento físico y al desafío de la naturaleza, la mujer durante el parto puede sentirse empoderada por la intensidad y el poder de su cuerpo. A pesar de la presencia de dolor, el parto puede ser una experiencia intensa de vida, poder, entrega y amor.

Las expresiones de intensidad emocional durante el parto no necesariamente corresponden a la percepción de dolor. Al igual que la persona que grita durante una caída libre en una atracción de un parque de diversiones, la mujer en trabajo de parto puede experimentar una carga emocional intensa que no se traduce necesariamente en sufrimiento. En algunas culturas y contextos, se ha documentado que el parto puede transcurrir sin dolor significativo. No obstante, independientemente de si se percibe dolor o no, el parto es una vivencia de sensaciones y emociones de magnitud extraordinaria.

El dolor en el parto puede variar considerablemente de una mujer a otra, e incluso en la misma mujer entre diferentes partos, debido a una multiplicidad de factores emocionales y culturales. El miedo, la ansiedad, la prisa, el pudor, el ruido y la falta de intimidad pueden influir en la percepción del dolor. Además, la racionalización excesiva y la falta de valoración personal pueden contribuir a intensificar la experiencia del dolor.

Es esencial centrar la atención en la maravillosa capacidad del cuerpo para dar vida durante el parto. Reconocer esta grandeza puede transformar la percepción del evento, tal como ilustra el testimonio de Arantxa, quien relata la profunda conexión con la «madre tierra» y con la totalidad de la existencia que experimentó durante el parto.

La actitud emocional más propicia para un parto eficiente y potencialmente libre de dolor puede ser una actitud de entrega. El parto requiere confiar en el cuerpo como una máquina perfecta, entregarse a la totalidad de la experiencia y permitirse ser guiada por ella. Esta entrega no es sólo al propio cuerpo, sino también al hijo que está por nacer. En suma, el parto es un fenómeno multidimensional que trasciende la mera experiencia de dolor, ofreciendo un espacio para la intensidad emocional, el empoderamiento y la conexión profunda.

La Sexualidad y el Parto: Paralelismos y Entrelazamientos

La sexualidad humana y el parto comparten notables similitudes hormonales, fisiológicas y emocionales. De hecho, el acto sexual puede considerarse una versión reducida del parto. Ambos procesos, cuando ocurren en condiciones favorables, pueden dar lugar a experiencias de éxtasis, unión y entrega. Sin embargo, en circunstancias adversas, tanto el sexo como el parto pueden ser experiencias dolorosas.

En condiciones óptimas, el sexo y el parto comparten ciertas características fundamentales. Ambos procesos funcionan bajo un estado mental de entrega y ausencia de racionalización. Tanto hombres como mujeres pueden experimentar estas dinámicas durante el acto sexual, y confirmar por sí mismos cómo el abandono del control conducen a una experiencia más gratificante, hermosa, trascendental y plena.

Las necesidades emocionales durante el parto y durante el acto sexual son similares. Ambos son considerados eventos sagrados, momentos de rendición a algo mayor. La similitud entre estas dos experiencias no es casual: las mismas hormonas se activan, las mismas posturas pueden ser adoptadas, los gemidos son comparables, y las sensaciones de unión y de grandeza son paralelas. En este sentido, la sexualidad femenina en los humanos puede considerarse una preparación para el parto.

Cuando se desvirtúan estos procesos, ya sea por no darse en condiciones adecuadas o con las personas adecuadas, pueden transformarse en experiencias difíciles y dolorosas. Por tanto, resulta esencial abordar tanto la sexualidad como el parto desde una perspectiva de respeto, consentimiento y cuidado para permitir que se manifiesten como las experiencias plenas y transformadoras que están diseñadas para ser.

La Respiración en el Parto: Historia, Técnicas y Relevancia

Durante el siglo XX, la preparación para el parto ganó popularidad a nivel mundial, con un enfoque significativo en técnicas específicas de respiración para cada etapa del parto. El obstetra francés Fernand Lamaze (1891-1957) fue particularmente influyente en popularizar una serie de técnicas de respiración que aún se enseñan en muchos cursos de preparación para el parto. Las técnicas de respiración utilizadas durante el parto varían ampliamente y se han desarrollado y adaptado a lo largo del tiempo. La idea es que al aprender y practicar estas técnicas, las mujeres embarazadas pueden ganar un sentido de control y confianza en sus cuerpos durante el parto. Además, los cursos de preparación para el parto ofrecen un valioso entorno social, permitiendo a las mujeres embarazadas compartir experiencias y formar parte de una comunidad. Sin embargo, es importante destacar que conocer y practicar técnicas específicas de respiración, aunque puede ser beneficioso, no es necesario para un parto exitoso. 

La respiración es un proceso natural e intuitivo que todos los seres humanos saben cómo realizar, y nadie nos ha tenido que enseñar cómo respirar. Por tanto, aunque las técnicas de respiración pueden ser una herramienta útil durante el parto, no deben verse como un requisito imprescindible. El parto es un proceso individual y cada mujer encontrará su propio camino, ya sea a través de la utilización de técnicas de respiración aprendidas o a través de la confianza en su propio proceso natural de respiración.

Primera etapa

El periodo de dilatación, la primera etapa del parto, se caracteriza por la maduración del cuello uterino, generalmente con una dilatación de al menos 3 cm, y la aparición de contracciones regulares y de considerable duración, que indican que el parto está en curso. Este periodo se extiende hasta que el cuello uterino alcanza su dilatación máxima, lo que típicamente implica un diámetro de 10 cm, suficiente para acomodar completamente la cabeza del feto.

Durante este periodo, la elección de posturas por parte de la parturienta puede ser crucial para facilitar el proceso de parto. Es esencial aclarar que no existen posturas «correctas» o «incorrectas». La elección de la postura está guiada por la comodidad de la parturienta y la posición que favorece al feto para moverse más profundamente en la pelvis. Sin embargo, existen algunas consideraciones a tener en cuenta respecto a la postura.

En primer lugar, la vejiga debe mantenerse vacía durante todo el periodo de dilatación. La presencia de orina puede obstaculizar el proceso al impedir que la cabeza del feto descienda adecuadamente en la pelvis. Por lo tanto, se debe permitir y fomentar la micción frecuente.

Las parturientas pueden preferir acostarse de lado, optando por el lado en el que se encuentra la espalda del feto, a menudo el lado izquierdo. Esta posición puede evitar la compresión de la vena cava, que se ubica en la parte posterior a la derecha de la columna vertebral, y cuya compresión puede provocar mareos debido a la reducción de la presión arterial. La extremidad superior puede descansar cómodamente sobre cojines o almohadones para mantenerla flexionada y elevada.

Además, las posiciones verticales pueden ser favorables. Por ejemplo, permanecer de pie con una pierna bien flexionada, con el pie apoyado sobre una superficie elevada, como una silla o mesa, y las manos apoyadas en un punto firme, puede favorecer el proceso de dilatación. Esta postura, al igual que la posición tumbada, permite mantener la columna vertebral recta y estirada, lo que puede facilitar el proceso de parto.

Asimismo, durante la fase de dilatación, pueden preferirse posturas que permitan estirar el tronco, como arrodillarse, donde el acompañante puede ayudar a estirar la columna tirando de los brazos de la parturienta, o utilizar una pelota de pilates. Aquí, una almohada larga y gruesa puede ser útil para montar «a caballo», distribuyendo así el peso del cuerpo y aliviando la carga sobre las rodillas.

La postura de cuclillas puede ser particularmente beneficiosa para promover el descenso de la cabeza del feto. Sin embargo, para maximizar su utilidad, es esencial contar con elementos que permitan un buen estiramiento, como un compañero que sostenga los brazos de la parturienta, una soga colgada, entre otros. Cabe destacar que esta postura puede intensificar las contracciones y la presión sobre el pubis, por lo que alternarla con la postura tumbada de lado puede ser una estrategia eficaz para descomprimir la zona entre la vulva y el ano y permitir la relajación entre contracciones.

Primera etapa. Cuestiones de mecánica.

Durante el proceso de parto, se producen diversos cambios mecánicos que juegan un papel crucial. A medida que el cuello uterino se dilata, la cabeza del feto comienza a descender y encajarse dentro de la pelvis materna. En el periodo de preparto, la cabeza del feto, que previamente flotaba en el líquido amniótico, se apoya y se fija sobre el hueso del pubis. A medida que avanza la dilatación durante el parto, la cabeza del feto pasa de estar simplemente apoyada a estar encajada dentro de la pelvis.

Es importante mencionar que la abertura superior de la pelvis materna es mayor en su dimensión transversal que en la anteroposterior, lo que significa que la cabeza del feto tiende a encajarse en una posición transversa, mirando hacia un lado. En más del 50% de los casos, se espera que la coronilla del feto esté hacia la izquierda (con el feto mirando hacia la derecha), aunque también puede estar hacia la derecha (feto mirando a la izquierda), hacia el frente, hacia atrás, o en una posición intermedia (oblicua).

En un punto crítico del parto, comúnmente conocido como el momento «¡No puedo!», la cabeza del feto está completamente encajada dentro de la pelvis materna, habiendo superado la abertura de los huesos pélvicos. En este punto, la cabeza fetal está más inmóvil que en cualquier otro momento del parto; ya no se eleva y, para descender más, debe superar la siguiente estrechez pélvica, el estrecho medio. Este es un momento particularmente desafiante, a menudo considerado el más difícil en muchos partos. La percepción de que la cabeza fetal «no puede moverse» puede surgir, junto con la sensación de que el proceso de parto no está progresando. Esto se debe a que el avance en este punto suele ser muy lento, y las contracciones alcanzan su punto máximo de intensidad. Aún no ha llegado el momento de las ganas de empujar, por lo que este es el momento en que la desesperación puede aparecer. Sin embargo, es crucial entender que este es simplemente la parte más desafiante del parto; una vez que la cabeza del feto supera este punto, el proceso se vuelve significativamente más fácil.

Primera etapa. Cuestiones emocionales.

Durante el periodo de dilatación en un parto mínimamente medicalizado, se producen cambios emocionales significativos. Uno de estos cambios es la transición a un estado de aislamiento cognitivo que dificulta el razonamiento y la verbalización, similar al estado de embriaguez o de estar «en otro planeta». Este cambio se atribuye a la disminución de la actividad del neocórtex (la región del cerebro asociada con el razonamiento) y la mayor actividad del paleocórtex (la región del cerebro asociada con los instintos), bajo la influencia hormonal del parto. Este cambio puede dar lugar a comportamientos inusuales, como la adopción de posturas extrañas, expresiones faciales inusuales, o comportamientos emocionales como el llanto o la agresividad sin un motivo aparente.

Una variable crucial durante este periodo es el lenguaje. Dado que la mujer en trabajo de parto está entrando en un estado de ensoñación, donde el tiempo, el espacio y la lógica están distorsionados, es fundamental que los acompañantes se abstengan de hacer preguntas que obliguen a la mujer a pensar, ya que esto puede interrumpir su estado de ensoñación y obstaculizar el flujo del parto. En lugar de ello, es posible que una historia contada con una entonación suave que estimule el estado de ensoñación pueda ser beneficiosa, aunque en otros momentos cualquier conversación puede ser perturbadora.

Además, se debe prestar atención a las sensaciones táctiles. La tolerancia al tacto puede variar ampliamente entre las mujeres en trabajo de parto. Algunas pueden encontrar un alivio considerable en un masaje fuerte, mientras que otras pueden preferir un masaje suave y cariñoso de su pareja, o incluso no desear contacto físico en absoluto. Los acompañantes deben sintonizar con la mujer en trabajo de parto para anticipar y entender sus necesidades sin necesidad de preguntas verbales, dado que la comunicación verbal puede ser particularmente desafiante durante este periodo.

Por último, es fundamental minimizar la exposición a factores que pueden incrementar la liberación de hormonas del estrés, que pueden inhibir el progreso del parto. Estos factores incluyen la exposición al frío, ruidos fuertes, emociones negativas como el mal humor o la agresividad, entre otros. Así, es crucial asegurar un ambiente calmado, confortable y respetuoso para la mujer en trabajo de parto para promover el progreso óptimo del parto.

Segunda etapa del parto

El segundo periodo del parto, conocido como periodo expulsivo, inicia cuando se logra una dilatación completa. Este periodo consta de una fase «latente», en la cual las contracciones continúan de forma similar a las del final de la etapa de dilatación, y posteriormente, una fase de pujos que suele manifestarse tras la rotura de la bolsa amniótica.

La rotura de la bolsa amniótica puede ocurrir en diferentes momentos del proceso de parto. Este evento puede suceder antes del inicio del parto, durante la etapa de dilatación, justo cuando se alcanza la dilatación completa o incluso durante la fase de pujos. Sin embargo, la rotura de la bolsa es más común cuando se alcanza la dilatación completa, es decir, poco antes de iniciar los pujos.

En algunos casos, la bolsa amniótica no se rompe y el bebé nace cubierto por esta. Bajo esta circunstancia, la matrona procederá a romper la bolsa inmediatamente después del nacimiento para facilitar la respiración del bebé. Sin embargo, si esto no ocurre, el bebé continuará obteniendo oxígeno a través del cordón umbilical hasta que la membrana se rompa. En el reino animal, las madres mamíferas suelen lamer la nariz de sus crías recién nacidas como parte de su instinto.

Además, en ciertos momentos del proceso del parto, puede existir un intervalo más prolongado entre las contracciones. Por ejemplo, tras la rotura de la bolsa amniótica, puede haber un lapso más largo hasta la siguiente contracción, lo que puede dar la sensación de que el parto se ha detenido. Esta pausa puede ser un breve respiro causado por una disminución en la tensión del útero debido a la liberación del líquido amniótico. El útero necesita algunos minutos para volver a tensarse lo suficiente para que continúen las contracciones. Un fenómeno similar puede ocurrir cuando una contracción es particularmente eficaz y produce un avance notable de la cabeza del bebé, lo que puede prolongar el intervalo hasta la próxima contracción, proporcionando tiempo suficiente para un breve descanso o incluso una «siesta».

Siestas en el parto

En el proceso de parto, el fenómeno de breves intervalos de sueño entre contracciones es reportado por algunas mujeres, lo que puede ser atribuido a las hormonas del parto. Estas «siestas» pueden durar incluso sólo dos minutos, durante los cuales las mujeres pueden entrar en un estado de sueño e incluso experimentar sueños.

Esto puede parecer sorprendente dada la intensidad de las contracciones y el estrés general asociado con el parto. Sin embargo, el papel de las hormonas del parto no debe ser subestimado. Durante el parto, las concentraciones de hormonas como la oxitocina y las endorfinas aumentan. Las endorfinas, en particular, son hormonas que el cuerpo produce en respuesta al estrés o al dolor, y tienen un efecto calmante y analgésico. Además, pueden inducir una sensación de euforia y una especie de estado de sueño o trance, lo que puede permitir a la mujer «descansar» brevemente entre contracciones.

Fase de pujos

La fase de pujos es un componente crucial del período expulsivo del parto, que se inicia tras alcanzar la dilatación cervical completa. Se distingue por una sincronización involuntaria entre las contracciones uterinas y la contracción de la musculatura abdominal. La duración de esta fase puede variar significativamente, abarcando desde unos pocos minutos hasta varias horas.

El estímulo principal para el inicio de los pujos es el llenado completo de la cavidad pélvica por la cabeza fetal, o, en los casos de presentación podálica, por las nalgas del feto. Este llenado provoca una serie de reflejos neurales que intensifican la contracción de los músculos abdominales durante las contracciones uterinas.

Esta etapa se caracteriza por una serie de momentos de intensidad emocional y física extremas. Se destacan entre los eventos más intensos que una mujer puede experimentar en su vida. La cooperación entre el útero y la musculatura abdominal para movilizar y expulsar el feto es un fenómeno fascinante, testimonio de la complejidad y eficiencia de los mecanismos fisiológicos del parto.

Momento “¡ me parto !”

El «momento de sentirse partida» corresponde a la fase crucial del parto en la que la cabeza del neonato se ve obligada a navegar a través del estrecho medio de la pelvis. Este punto de la anatomía pelviana se caracteriza por ser más amplio de adelante hacia atrás que de lado a lado, debido a las prominencias óseas conocidas como espinas ciáticas. Para superar esta «estrechez» media, la cabeza fetal, que originalmente entró en la pelvis en una orientación lateral, debe realizar una rotación de 90 grados para posicionar la coronilla hacia la parte frontal de la madre. Esta maniobra coloca al feto en la denominada «posición anterior», considerada ideal en esta etapa del parto.

No obstante, existen casos en los que la rotación puede resultar en una «posición posterior» (la coronilla orientada hacia atrás y el rostro hacia adelante). Este tipo de presentación puede complicar y prolongar el parto, ya que las contracciones suelen ser percibidas con mayor intensidad en la parte baja de la espalda de la madre. Para evitar tales escenarios, se recomienda que durante las últimas 6 semanas de gestación, la madre adopte posturas con una inclinación hacia adelante. Esta postura favorece que, por la fuerza de gravedad, la columna vertebral del feto se oriente hacia la parte frontal de la madre, facilitando el parto.

A medida que el feto atraviesa el estrecho medio de la pelvis, independientemente de si su coronilla está orientada hacia el frente (lo habitual) o en la posición posterior, la madre experimenta intensas sensaciones a medida que la cabeza del bebé atraviesa los huesos de la pelvis. Algunas mujeres describen esta etapa como el «momento de sentirse partida», una descripción que puede haber dado origen al término «parto» en español.

Este momento es, posiblemente, el más intenso de todo el parto en términos de sensación física, pero también marca el final de las etapas más difíciles. A partir de ahora, la madre nota un avance claro en el proceso; percibe el progreso, comprende el porqué de las sensaciones y aprecia la efectividad del proceso. Todo esto contribuye a una experiencia que, aunque intensa, es también profundamente gratificante.

Momento “¡ me cago !”

A medida que el parto avanza, la cabeza del bebé comienza a flexionarse hacia la parte posterior de la madre. Esta maniobra no es un acto voluntario del feto, sino una consecuencia de la anatomía pélvica de la madre: el hueso púbico sirve como una barrera que empuja hacia atrás la coronilla del feto a medida que ésta avanza. Como resultado, se ejerce una creciente presión sobre el ano de la madre. Esta presión puede desencadenar una fuerte sensación de necesidad de defecación, incluso si el recto está vacío de heces. Si existen heces en el recto, esta sensación se intensifica aún más.

Durante este proceso, es preferible tener vacíos vejiga y recto para facilitar el avance del bebé a través del canal de parto. Esta recomendación es particularmente relevante para las mujeres que deciden dar a luz en casa, ya que pueden sentirse más cómodas realizando esta acción en la privacidad de su propio baño. De hecho, la mujer puede sentir deseo intenso de defecar,  propiciado por las respuestas hormonales y por la presión física de la cabeza del feto sobre el sigma y recto. 

Durante esta etapa del parto, la zona perianal de la madre se distiende de manera notable. Este fenómeno se debe a la acción de la hormona relaxina que se segrega durante el parto, que confiere una elasticidad increíble a los tejidos involucrados, permitiendo que se estiren y acomoden al paso del bebé.

Momento “¡ me arde !”

Durante la fase final del parto se produce una serie de transformaciones físicas y emocionales en la madre. A medida que la cabeza del bebé, inicialmente flexionada hacia la parte posterior de la madre, comienza a «deflexionarse», se desencadena un incremento en la presión sobre la vagina y la vulva. Este cambio no es un acto voluntario del bebé, sino una respuesta natural a las barreras anatómicas que presenta el canal del parto, en este caso los huesos sacro y coxis de la madre.

Esta presión provoca una intensa sensación de ardor en la madre, conocida como el «aro de fuego». Es el resultado de la extrema distensión de la vagina y la vulva para acomodar la cabeza del bebé. Este estiramiento extremo, que a menudo alcanza un diámetro de 10 cm, es posible gracias a las hormonas del parto y al estado emocional de la madre.

Salida de la cabeza

A medida que se acerca el nacimiento, la cabeza del bebé se sitúa completamente en la vagina. En este punto, si la madre lo desea, puede llegar a tocar la cabeza del bebé. Este es un momento de gran emoción y anticipación, a medida que se acerca el final del proceso de parto.

La salida de la cabeza es la siguiente etapa de este proceso. En algunos casos poco comunes, en un solo esfuerzo de pujo, la madre puede expulsar tanto la cabeza como el cuerpo del bebé. Esto suele ocurrir en partos rápidos de mujeres que ya han dado a luz anteriormente y cuyo bebé es relativamente pequeño. Sin embargo, la norma general es que la cabeza salga en un primer esfuerzo de pujo, habitualmente con el bebé mirando hacia atrás.

Una vez que la cabeza del bebé ha salido, es posible que emita algunos sonidos, aunque es más común que permanezca muy quieto. En este momento, el bebé tiene los ojos y la boca cerrados, y sus mejillas están comprimidas entre las nalgas de la madre. Este es el preámbulo del nacimiento completo del bebé y el final del parto.

Física de presiones

En la etapa final del parto, tras la salida de la cabeza del bebé, se producen varios mecanismos naturales que son fundamentales para el bienestar y la supervivencia del recién nacido.

Cuando la cabeza del bebé sale, el tamaño del útero de la madre disminuye debido a que la mayor parte del espacio que ocupaba el bebé se ha liberado. Este cambio en el volumen del útero puede hacer que las contracciones se detengan temporalmente mientras el cuerpo se ajusta a la nueva situación. Este intervalo puede parecer largo, pero las contracciones siempre retornarán para permitir la salida del cuerpo del bebé.

Reanimación natural

Durante este lapso de tiempo, la cabeza del bebé, que inicialmente apareció pálida debido a la presión ejercida sobre ella durante el parto, comenzará a enrojecer. Esto sucede porque ahora la cabeza está libre de presión, lo que permite un mayor flujo de sangre hacia ella. La sangre oxigenada que fluye a través del cordón umbilical se dirige prioritariamente al cerebro, asegurando que este órgano vital esté bien irrigado y oxigenado antes del nacimiento.

Este mecanismo de reanimación natural permite que el cerebro se prepare para la transición de la vida intrauterina a la vida extrauterina, donde deberá coordinar la adaptación de todos los órganos del cuerpo del bebé a su nuevo entorno. Por ejemplo, los pulmones deben cambiar de «respirar» líquido amniótico a respirar aire, y los sentidos de la visión, el oído y el olfato comienzan a funcionar plenamente por primera vez.

El segundo mecanismo de reanimación se produce en los pulmones del bebé. Dentro del útero, los pulmones del bebé están llenos de líquido amniótico, que es expulsado por la boca del bebé debido a la compresión del tórax por el útero. Este vaciado de los pulmones es vital para la respiración después del nacimiento.

Estos dos mecanismos naturales, junto con otros, contribuyen a que la mayoría de los recién nacidos no necesiten intervenciones médicas inmediatas tras el parto. Esto es particularmente cierto en los partos con mínima intervención, donde se ha observado que los recién nacidos parecen estar más saludables que aquellos que nacen en entornos más medicalizados.

Cuando se interrumpen estos mecanismos naturales, por ejemplo, mediante la tracción de la cabeza inmediatamente después de la salida o mediante el corte prematuro del cordón umbilical, pueden ser necesarias maniobras de reanimación adicionales, como la aspiración de las vías respiratorias o la administración de medicación para mejorar la circulación sanguínea al cerebro. Sin embargo, estos procedimientos no pueden replicar plenamente la eficacia de los mecanismos naturales de reanimación, lo que subraya la importancia de permitir un parto lo más natural posible.

Segunda etapa. Cuestiones posturales

Las posturas que adopta una mujer durante el parto pueden influir en la progresión del mismo. En general, las posturas que se adoptan de forma natural, es decir, las que el cuerpo pide intuitivamente, son las mejores para cada fase del parto.

Durante la fase latente del periodo expulsivo, cuando la dilatación es completa pero aún no se han iniciado los pujos, la cabeza del bebé todavía está terminando de descender en la pelvis. La postura de cuclillas puede facilitar este descenso final de la cabeza. No obstante, es bueno alternar las cuclillas con otras posturas más relajadas, como sentarse o ponerse de rodillas, para descansar.

En los pujos finales, cuando la cabeza del bebé está a punto de salir, es probable que sientas la necesidad de hacer cambios en tu postura. En esencia, es útil arquear la parte baja de la espalda, como si estuvieras «sacando el trasero». Esta postura facilita que la vulva se desplace hacia atrás, permitiendo que la cabeza del bebé salga hacia adelante y evitando desgarros en la parte posterior de la vulva.

En estos momentos finales también es útil adoptar posturas en las que separemos los pies entre sí sin separar las rodillas, de modo que los muslos roten hacia dentro. Esta rotación interna del fémur facilita que la pelvis se «abra» por detrás, lo que facilita la salida del bebé.

Aunque la gravedad puede contribuir en cierta medida al descenso del feto durante el parto, la fuerza de las contracciones del útero es mucho mayor. Aun así, muchas mujeres eligen intuitivamente adoptar la postura de tumbada de lado durante el parto, y no por ello el parto se dificulta.

La conclusión es que, durante el parto, es importante permitir a la mujer adoptar las posturas que su cuerpo le pida de manera natural. Estas posturas intuitivas suelen ser más eficaces para facilitar el parto que cualquier postura que se pueda imponer desde fuera. En definitiva, cada mujer y cada parto son únicos, por lo que es esencial respetar la autonomía de la mujer para moverse y posicionarse de la manera que le parezca más cómoda y eficaz.

Momento ¡ Mi hijo !

El tercer periodo del parto representa un momento crítico y emocionalmente intenso en el proceso del nacimiento. Con la contracción final del segundo periodo, se produce la expulsión total del cuerpo del neonato, completando el proceso de parto. En este momento, la madre, a menudo agotada por la extenuante experiencia, puede requerir la asistencia de su acompañante para recoger al recién nacido. Se debe registrar la hora exacta del nacimiento, ya que es un dato requerido en la documentación médica.

El acto de observar y reconocer al recién nacido marca el inicio de un intercambio mutuo de atención que puede describirse como una profunda conexión emocional o «enamoramiento». La madre puede experimentar una oleada de emociones intensas, a menudo manifestándose en forma de llanto. Esta reacción emocional se encuentra en marcado contraste con las contracciones dolorosas previamente experimentadas, las cuales se perciben ahora como un recuerdo distante, reemplazado por una sensación de calma absoluta.

Esta etapa post-natal se caracteriza por la notable influencia de las hormonas, específicamente la oxitocina, también conocida como la «hormona del amor». En los últimos momentos del parto, tanto la madre como el neonato experimentan un notable aumento de oxitocina, segregada por el cerebro. Este evento hormonal tiene un impacto significativo en la percepción del tiempo transcurrido durante el parto, y en el fortalecimiento del vínculo afectivo entre madre e hijo.

Al reflexionar sobre la duración del parto una semana después, tanto la madre como su acompañante pueden observar una notable distorsión temporal. El tiempo del proceso de parto, que de hecho duró horas, puede percibirse en retrospectiva como si fueran minutos. Por el contrario, los primeros momentos de la interacción madre-hijo inmediatamente después del parto, que solo duraron minutos, se perciben retrospectivamente como horas. Esta distorsión temporal es un mecanismo natural que facilita el recuerdo eterno de los primeros momentos de vida del neonato, fomentando así el amor y la conexión emocional entre madre e hijo.

La oxitocina no solo tiene un impacto en la madre, sino que también ejerce su influencia en todas las personas presentes durante el parto. Las personas que han participado en el parto también experimentan una sensación de familiaridad y conexión emocional intensificada entre ellas, y en particular hacia el recién nacido y la madre. Esta sensación de conexión emocional mutua podría equipararse a la descripción folklórica de «polvos mágicos» que producen un enamoramiento instantáneo, y persistirá a lo largo de la vida, fortaleciendo las relaciones intrafamiliares.

Tercera etapa. Alumbramiento

El periodo de alumbramiento, que sigue al parto del neonato, es una etapa crítica en el proceso de parto que está marcada por una intensa conexión emocional entre la madre y el recién nacido. Este periodo, ampliamente caracterizado por una abrumadora sensación de amor, dependencia y adicción hacia el neonato, es impulsado principalmente por las hormonas del amor y del placer, la oxitocina y las endorfinas, respectivamente.

Durante el alumbramiento, la interacción entre la madre y el recién nacido es facilitada por la persistencia de la circulación de sangre a través del cordón umbilical, lo que asegura una doble oxigenación en la transición al medio aéreo. Esta capacidad dual de oxigenación en los primeros momentos de la vida extraterina proporciona una seguridad adicional en el nacimiento.

En este periodo, la madre experimenta una renovación de las contracciones que conllevan a la expulsión de la placenta, un evento significativo que simboliza el fin del proceso de parto. El pico de oxitocina que acompaña esta etapa es considerado el más alto en la vida de una mujer, y desempeña un papel crucial en la iniciación del reflejo de eyección de la placenta.

Sin embargo, es importante destacar que este periodo, aunque fisiológicamente crítico, también es emocionalmente delicado y debe ser manejado con cuidado. La interrupción de la interacción madre-bebé, ya sea a través del corte prematuro del cordón umbilical o la imposición de cambios de postura innecesarios, puede ser perjudicial. La preservación de la interacción ininterrumpida entre la madre y el neonato durante la hora posterior al nacimiento es esencial para fomentar el vínculo emocional y facilitar una transición suave al entorno extraterino.

El papel del profesional de la salud en este periodo es proporcionar un ambiente seguro, cálido y no intrusivo que permita a la madre y al neonato establecer su primera conexión sin interrupciones. Este enfoque centrado en la madre y el neonato, que respeta la necesidad de privacidad y seguridad, puede ayudar a minimizar las complicaciones y a mejorar los resultados del parto.

Duración normal del parto

La duración de un parto varía considerablemente entre las mujeres y no puede ser estrictamente cuantificada por un reloj. Cada parto es un proceso biológico único, influido por una variedad de factores, que incluyen la paridad, las características individuales de la madre y el niño, las condiciones del trabajo de parto y el ambiente en el que se lleva a cabo. Sin embargo, en promedio, se estima que el parto puede durar entre 6 a 8 horas en mujeres multiparas y 10 a 12 horas en mujeres primíparas.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que estos son meros promedios y el trabajo de parto puede variar significativamente de estos rangos. Algunos partos pueden prolongarse hasta 24 horas o más, particularmente en situaciones de progresión lenta del trabajo de parto. Por otro lado, algunos partos pueden ser excepcionalmente rápidos, durando tan solo 2 a 4 horas o incluso menos.

Un aspecto notable del parto es la alteración de la percepción del tiempo por parte de la madre. Las hormonas del trabajo de parto pueden llevar a las mujeres a perder la noción del tiempo durante el proceso. Este fenómeno puede ser útil para que las mujeres se entreguen completamente al proceso de parto y se concentren en las demandas físicas y emocionales del trabajo de parto, más que en su duración.

Es importante para los obstetras y otros profesionales de la salud materna reconocer y acomodar esta variabilidad en la duración del trabajo de parto. La atención debe centrarse en apoyar a la mujer durante el parto, independientemente de su duración, y en identificar y gestionar cualquier complicación que pueda surgir. Las intervenciones destinadas a acelerar el parto deben utilizarse con prudencia y sólo cuando estén claramente indicadas, dada la variabilidad natural de la duración del trabajo de parto.

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